miércoles, 27 de agosto de 2008

Elucubraciones

Exploro emocionada espacios extraños, especialmente el enigma existencial, elixir embriagador. Entonces, enredada en ecuaciones excesivamente elípticas, enseguida emerge el espanto —¡enigma encubierto!—. Efectivamente, es elucidación extenuante. Encuentro en esto esperanza estéril, entristezco.
Empero existo. Es encomiable.

miércoles, 6 de febrero de 2008






Ulises: Entre el agua y el fuego


En La divina comedia de Dante, encontramos el relato de la muerte de Ulises. En el canto XXVI del infierno, Dante y Virgilio se topan con el héroe griego y le instan a narrarles los pormenores de su muerte.
Después de veinte años de odisea y ya viejo por el largo viaje, Ulises abandona la idea de regresar a Ítaca, né dolcezza di figlio, né la piéta del vecchio padre, né el debito amore lo qual Penélope far lieta, vencer poter dentro da me l´ardore ch´i´ ebbi a devenir del mondo esperto, e delli vizi umani e del valore; ma missi per l´alto mare aperto; y emprende, junto a sus compañeros, lo que fue su último viaje de aventura.
Ulises cuenta que navegaban hacia occidente por el mar Mediterráneo hasta los límites de España, pasando por las islas de Cerdeña, hasta acercarse a Marruecos, norte de África. En el estrecho de Gibraltar, divisan la fosa estrecha, donde Hércules puso sus columnas con la advertencia l´uom piú oltre, "Non plus ultra"(no más allá), símbolo universal de los límites del hombre.
Pero la osadía de Ulises le impulsa a traspasarla, superando el Ceuta en la orilla africana y Sevilla en la española. El viaje de Ulises transcurre desde el Oriente al Occidente hacia el Atlántico, contornando siempre el lado izquierdo hacia el sur, instando a sus compañeros a no negarse esa aventura frenética. A medida que Ulises avanza hacia el sur, al frente emerge el polo sur, y detrás se va hundiendo el polo norte. Cinco veces el Sol pasó por debajo de la Luna, cuando en conjunción con el Sol, desde el cruce del estrecho de Gibraltar, aparece la montaña del Purgatorio en cuya cima está el Paraíso terrestre. En medio de ese inmenso mar Dante sitúa la montaña del Purgatorio, a la cual se podía llegar a través de una abertura situada al final del Infierno. Navegando por esa zona, repentinamente se forma una tromba marina la cual golpea al barco, haciéndolos girar, alza la popa y hunde violenta e irremediablemente la proa, y el mar se cierra sobre ellos.
La osadía de Ulises, al folle volo, fue querer llegar al Purgatorio, y por ende al Paraíso terrenal que está en su cima. Forzando su capacidad y amparándose en su ingenio; quiso lograr la perfección del Purgatorio sin antes pasar por la muerte simbolizada por el Infierno, muestra de su soberbia en alcanzar lo imposible.
En la imaginería de Dante, obviando el retorno a Ítaca, eje que impulsa la Odisea, lo que interesa es dónde murió y cómo, para resaltar la deslealtad de Ulises hacia sus compañeros que van a morir con él en esa aventura.
Por ello Dante coloca a Ulises en el círculo VIII del Infierno, el de los malos consejeros, quemándose en una llama al lado de Diomedes, sufriendo los tormentos que la justicia divina aplica a los embaucadores. Ulises es castigado, según Dante, por embaucar a sus compañeros a una aventura hacia la muerte, con engaños y falsas promesas, tal como lo hizo al crear la estrategia del famoso gran caballo de madera, en cuyo interior estaba un grupo de guerreros griegos abandonado a las puertas de Troya.
Dante juzga a Ulises no sólo como mal consejero sino por su desmesura titánica, ya que Ulises no hizo caso a la prohibición de no pasar más allá de las columnas de Hércules, al ser tentado y no acatar la prohibición de cruzar las barreras de occidente.
Ahora bien, en la propuesta de Dante, la desmesura del héroe es castigada por la “justicia divina” (¿judeo-cristiana?), reinterpretando los mitos de los héroes antiguos con criterios de la mentalidad occidental, ya que la justicia homérica no lo hizo, al punto que Ulises, en la Odisea, finalmente consigue ser el único héroe griego que logró salvar la vida, después de diez años de guerra en Troya y luego de veinte más, para regresar a Ítaca y tener un final feliz. Dante pone a Ulises como un trasgresor a causa de su deseo de ir en busca de lo desconocido. Engaño y desmesura sería el veredicto, y se ve obligado a situar al griego en el octavo círculo del infierno, muy cerca está Satán, el artífice del pecado de Ulises, en tanto su consejero fraudulento.
Ulises está en el octavo círculo, el de “los malos consejeros”, porque insta a sus compañeros para que se atrevan a lo que él ya mismo ha decidido. Quizás ésta parte sea lo único por el que este canto puede considerarse el de los consejeros fraudulentos, en el sentido de que Ulises le oculta el peligro a sus compañeros para su supuesto beneficio, ya que el resto del canto se trata específicamente del exceso en el uso de los propios dones, virtudes y talentos. Sin embargo, ese hecho, el ardid para arrastrar a sus compañeros, representa la manera cómo Ulises utiliza esas virtudes y talentos, lo cual pudiera ser considerado también como parte de los malos consejos a los que Dante parece referirse. Tal vez Dante hace un recorrido por las acciones de Ulises en la Odisea, para poder justificar ese juicio. La astucia de Ulises para salvar los obstáculos, son reinterpretadas por Dante como artimañas, que en muchos casos causó daño a otros, como acciones maquiavélicas del fin que justifica los medios y donde todo vale.
En todo caso, la desmesura del héroe, muestra la gravedad de la presunción asumida por Ulises y que sin duda marcó un límite, un sin retorno por el cual encontrará su caída.
En la imaginería de Dante, la muerte de Ulises debía ser apoteósica, tanto como lo fue su vida. No se esperaría más.

domingo, 30 de diciembre de 2007



VENEZUELA

José Varela El Charrúa Latinoamericano

Quisiera escribir un verso de amor.
Quisiera, pero no puedo, mis limitaciones (que son muchas) frenan mi mano.
Pero mi corazón ayuda a mi pluma y le da vida a mi pensamiento.
Pienso en Neruda… ¡Ayúdeme maestro!...
me digo para mis adentros y comienzo mi travesía.
¿Qué es Venezuela para mí?
El sentimiento más puro que florece en el alma.
La razón de mi vida, mis dos hijos.
La que me divisó un día viéndome como perdido...
Me susurró al oído: Vente José, yo seré tu amiga.
La que me enamoró como la primera novia.
Jamás puso piedras en mi camino, sólo amor y ternura.
Con mi juventud a flor de piel, el turpial me dio la bienvenida.
Venezuela le regaló a mis ojos, tratando de enamorarme, todo lo que ella tenía.
Me tomó de un brazo y paseó conmigo, me acarició con el Ávila, me cautivó con el Salto Ángel, me regaló los Llanos, la Sabana y me besó con las aguas del Mar Caribe.
Cuando por momentos yo desfallecía por la nostalgia, por la que me dio la vida….
Ella me abrazaba diciéndome: “No lo olvides, soy tu amiga”.
Cuando a veces lloro, ella logra que la lluvia llore conmigo....
Pero sin yo casi notarlo…
Me regala un puñado de guacamayas, para que todas juntas formen el más bello arco iris… Porque sé que ella hace lo imposible para que vuelva mi alegría.
Por momentos pienso, ¿qué viste en mí, tierra querida?...
O será que lees mi mente y sabes que cuando soy amigo, lo soy para toda la vida…
Todo me lo has dado tierra amada…
Quisiera ser Miguel Ángel…
para dibujarte con mi mente, el infinito amor que mi pecho siente.
Quisiera robarles a Romeo y Julieta… el amor eterno… para dártelo a ti tierra mía…Con nostalgia y tristeza, comprendo que soy un simple ser humano, que sólo puede decirte: Te quiero Venezuela… Tierra de mis hijos, tierra mía (porque tú sabes que te siento mía).

viernes, 28 de diciembre de 2007



El intruso (The outsider, 1921)
Howard Phillips Lovecraft

El intruso, “infeliz abominación”, es un ser primordial, que mora en las profundidades, enterrado y olvidado durante siglos junto a civilizaciones que eran más antiguas que el hombre en el Egipto plagado de extrañas figuras con cuerpo humano y cabeza en forma de gato, halcón o león.

Al salir a la superficie, es rechazado por la humanidad, debido a su cuerpo monstruoso y putrefacto, tanto, que él mismo se siente espantado ante su imagen reflejada en la “fría y tersa superficie de cristal pulido”.

El intruso finalmente encuentra un lugar entre sus semejantes: "Ahora cabalgo junto a los gules[1], burlones y cordiales, al viento de la noche" y durante el día juega entre las catacumbas de Nephren-Ka[2], en el desconocido y recóndito valle de Hadoth[3], a orillas del Nilo.

Lovecraft deja en suspenso una situación de tensión que debe resolver el propio lector, suponiendo que aquello que no puede ser nombrado es porque no existe una categoría humana que lo clasifique, lo que constituye el grado sumo del horror, el miedo a lo desconocido y a lo absolutamente no humano.
[1] En la traducción que leímos se omite este nombre. HPL concebía a los Gules como una especie de cruce entre perro y humano que vive entre la Tierra de los Sueños y el mundo real. Sus Gules son carroñeros, de gran fuerza física, inteligente y versátil.

[2] Nyarlathotep, el Poderoso Mensajero de los Dioses Exteriores, es el único Dios Exterior que ha decidido personificar su presencia en nuestro planeta. Deidad de las mil formas, acude a la Tierra para mofarse, para sembrar el caos y avivar los impulsos autodestructivos de la humanidad. La ubicua presencia de Nyarlathotep tiene distintos aspectos, uno de ellos es como Nephren-Ka, el temible Faraón Negro del Egipto.
[3] Hadoth era presuntamente un valle secreto de tumbas del antiguo Egipto cerca del río Nilo.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Isaac Asimov


Asnos estúpidos


Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos.Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica.

En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados anteriormente: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo.

Sin embargo, en el libro pequeño no había habido que tachar jamás ninguno de los nombres anotados.

En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero.
— Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!

— Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.

— Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.

— Estupendo. Estupendo. Actualmente ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son ésos?

El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.

— Ah, sí -dijo Naron-. Lo conozco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues:
La Tierra.— Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan rápidamente.

No será una equivocación, espero.

— De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
— Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?

— Sí, señor.—

Bien, ése es el requisito -Naron soltaba una risita-.

Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.

— En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los Observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.

Naron se quedó atónito.— ¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?

— Todavía no, señor.
— Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?

— En su propio planeta, señor.

Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:— En su propio planeta?

— Si, señor.
Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.

— ¡Asnos estúpidos! -murmuró.


Sin comentarios....

viernes, 12 de octubre de 2007


Gravitación del alma


Estuve releyendo los poemas de Las flores del mal de Baudelaire. En ese poemario se nos ofrece la posibilidad de asistir a uno de los espectáculos más maravillosos y terribles del mundo: la existencia efímera del hombre, tal como la fugacidad de una flor, única e irrepetible.

Pero para el poeta, ese espectáculo debe ser mostrado con toda su crudeza y poder explicar lo inefable. Por ello se vale de ese oxímoron casi imposible, vale decir, la unión de dos imágenes muy distintas: la hermosura y sutileza de una flor y el lado oscuro de la existencia; de allí “las flores del mal”.

Y es que ver en el alma la bondad y el mal simultáneamente constituye, sin duda, una capacidad que sólo el poeta, con su virtud de vidente, es capaz de percibir, pues su privilegiado estado poético le permite hacerse de las sombras y penetrar en lo más recóndito del alma humana. Es asumir una postura, digamos, de éxtasis idílico, con la que puede percatarse de lo bello y lo sublime al mismo tiempo, tal como se percibe lo perenne en lo instantáneo y lo transitorio en lo perenne, para luego transcribir en poética ese lenguaje que proviene del espíritu.

Una cosa me entristece y es que Baudelaire parece decirnos que el mal florece en el jardín del alma, pues es inherente a la esencia misma del ser, y negarlo sería asumir una actitud hipócrita frente a una verdad inocultable. Ver sólo una parte de una gran verdad equivale a una conciencia a medias, como pensar un paraíso sin infierno o la vida sin la muerte. Por ello, el poeta nos encara a esa verdad incomoda, pero incuestionable, del quehacer humano; allí no tengo más que darle la razón. El gran mérito del poeta es su facultad de no engañarse en ver sólo lo bello, sin percatarse de las pequeñas miserias del ser humano. El malestar al que Baudelaire hace constantemente referencia, pudiera ser interpretado como el mal espiritual en el que él mismo se siente inmerso, extrañado; sin embargo, ello se extiende al hombre en general. La búsqueda de respuestas a los misterios de la vida, por una parte, y el absurdo de la existencia, por otra, se convierten en una quimera, y el poeta se siente condenado al sufrimiento; por ello, solo puede reconocerse en lo más íntimo, en medio del misterio y la nocturnidad, como el único espacio para la superación o aceptación del dolor. Es el convencimiento del hastío del hombre en una sociedad incongruente.

Lo paradójico es que, tal como uno observa al hombre en la actualidad, parece que las cosas no han cambiado mucho: el mismo hombre, el mismo hastío, la misma vida pecaminosa y vacía. Entonces me pregunto ¿Es que acaso no hemos cambiado en nada desde que Baudelaire escribió Las flores del mal? y ¿no estará Baudelaire un tanto decepcionado de nosotros? (bueno, si eso es posible).

En un ejercicio de imaginación, Baudelaire pareciera decirnos ahora, un tanto irónico, pero más decepcionado: “…y sin embargo florecen”, a pesar de todo.

jueves, 9 de agosto de 2007


Un milagro
J.L.B
En El milagro secreto, Hladík, es un escritor judío quien está a punto de ser ejecutado por los nazis; en ese justo momento, éste apela a su divinidad, solicitándole el tiempo de un año para poder concluir su obra. Inesperadamente el milagro se produce, el tiempo se detiene y él logra su cometido. Transcurrido ese lapso, un año para él, apenas unos minutos para el universo, o Dios, las balas retoman su movimiento, de acuerdo a las leyes físicas, y Hladík muere. Un hecho inexplicable para cualquier lector, sin embargo para el personaje funcionó.
En este sentido, el relato coloca al lector ante un fenómeno que no puede ser explicado racionalmente, bien sea porque éste no conoce las leyes físicas que rigen dicho fenómeno, es decir, que el tiempo sea detenido, o porque ubica al mismo dentro del mundo del relato, visto como un acontecimiento no susceptible de producirse en la vida diaria, en la realidad conocida, en el mundo de las posibilidades reales y las leyes naturales.
Analizando los detalles de la narración, ocurren ciertas causas que originan el fenómeno de detenimiento del universo físico. Hladík, ante su inminente muerte, recurre a un último recurso: la búsqueda de un mensaje de parte de Dios a través de los sueños: “...Otórgame esos días. Tú de Quien son los siglos y el tiempo”. De alguna manera esos sueños han sido inducidos por él mismo, y lo recibe como una revelación: “El tiempo de tu labor ha sido otorgado.”
Estas causalidades estarían asociadas al deseo, a la fe y creencias del personaje, también a la convicción de poder cambiar la lógica de las cosas: “...con lógica perversa..”, para tratar de torcer el “destino”; nos damos cuenta de que él mismo busca una explicación al fenómeno utilizando razonamientos y argumentos lógicos, en una secuencia de pensamientos con visos de raciocinio; pero también hay vacilación, duda y ambigüedad en su creencia y piensa que quizás está loco. Finalmente se convence del milagro concedido.
Otro punto importante es la referencia a la condición de artista de Hladík. De alguna manera hay una sugerencia a la irrealidad en la interacción entre su obra y él autor, y esto se refleja en su propia realidad. La obra de Hladík es el desencadenante de los hechos, los sueños, las premoniciones. Una explicación lógica-terrenal sólo puede ser entendida como un acto de fe extrema, que, desde el punto de vista religioso, alguien se atrevería a dar crédito sí sus convicciones acerca de la ocurrencia de milagros son patentes. Pero el detenimiento del tiempo es posible sólo en el mundo del relato (a menos que se hable de la “relatividad del tiempo” de Einstein)
En este sentido, es un fenómeno sobrenatural inexplicable. Para el lector no hay explicación o justificación del fenómeno en el mundo real. Sin embargo le deja un estado de extrañeza, optando por una solución lógica, saliendo así de lo fantástico y dejándolo como un suceso extraño, integrado al mundo del relato.
Todorov plantea que lo fantástico en la literatura estaría marcado por la incertidumbre en la explicación de un fenómeno extraordinario, ubicado entre lo real y lo imaginario. Esa incertidumbre se mantiene el tiempo del relato. Debido a la dificultad de poder optar por alguna categoría, podría especular que son elementos que aparecen entremezclados en diferentes subgéneros: fantástico puro, extraño puro, maravilloso puro, pues los límites no están bien definidos. Así es el mundo de Borges.
* La foto: tumba de Borges en Geneve.